martes, 8 de junio de 2010

TENGO UN PERRO ENAMORADO II


No tengo duda que mi perro está enamorado.
Ya está paseado, comido, hecho.
Cuando se echa y sueña.

Pero no.
Va y viene,
Jadea y no por calor.
Se levanta, otea por la ventana el espacio exterior
Cada vez que, como un meteorito, se incinera un recuerdo
Tamborilea con sus patas que hacen de pies, el suelo
Como diciendo – qué me pasa –
Sigue mi sombra a donde quiero que vaya
(porque aún soy su dueño)
Me mira directo a los ojos y llora.
Implora y yo, no sin pena, me río.

El sabe que la tiene cerca
La siente y le habla.
Aspira un torbellino de aromas que muy bien entiende.
Entra a los dominios sin siquiera resistirse
De los placeres de la química tal y como es.

Mi perro está enamorado, por decir algo.


Carlos G. B.

lunes, 7 de junio de 2010

TENGO UN PERRO ENAMORADO


Tengo un perro enamorado
Ya está paseado
Ya está comido
Hecho,
Buen momento para echarse.

Pero no.
Va y viene
Jadea
Otea através de la ventana
Cada dos por tres
Si me levanto me sigue
Llora.

El sabe que está ahí
Muy cerca
Y no puede quedarse quieto
Tengo un perro enamorado.


Carlos G. B.

miércoles, 28 de abril de 2010

ONICOGRIFÓSIS




Es un tema de intensidad suprema, tus hormonas gobernando, tu conciencia ocultando lejos la memoria, el fuego quemándolo todo, la fuerza de la vida llevándote a sus extremos y solo ahí, sólo ahí, en el limite de lo que eres, te hallarás, sabrás realmente quien eres, interpretarás tus sueños, vivirás tu vida y nada más que tu vida. Ahora ya te puedes morir.
Apoyo moral: dícese de la conducta por la cual el macho de la especie se queda pegado al msn con la hembra en situación tal que esta se encuentre apremiada con requerimientos de su entorno y trate ya al final, en ocasiones muy muy al final, de resolverlo todo mientras se congracia de tener a aquel macho animándola y acompañándola. – Me disculpas – ¿Es eso apoyo moral?
Paciente masculino de 70 años de edad, conocido con el diagnóstico de EBPOC de larga data quien inicia su enfermedad actual cinco días antes de su ingreso, caracterizada por hipertermia no medida, tos...
Apoyo moral: dícese de la conducta por la cual el macho de la especie se queda pegado al msn con la hembra, haciendo cualquier vaina que tome tiempo, pero permaneciendo conectado al alcance de su hembra, dando aires de disponibilidad para aclarar cualquier duda (en caso de ser conocedor de la materia) o realizar cualquier comentario al azar, que lleve a una mini conversación que no distraiga por completo de la tarea pero que ayude a drenar la ansiedad pre-parcial. De darse este apoyo moral, la hembra de la especie estará eternamente agradecida con el macho y le devolverá el favor en especias. La sola presencia del macho al acecho, haciendo la visita a su hembra, resulta en la apreciación del mismo como preocupado e interesado lo que conlleva a la creación de la idea virtual del apoyo moral. Me reservo los derechos de esto. Decúbito dorsal, decúbito supino, decúbito de pie y decúbito sentado.
Paciente masculino de 70 años de edad, conocido con el diagnostico de EPOC, natural y procedente de Caracas, quien inicia su enfermedad el 22/4 posterior a esfuerzo físico prolongado presentado dificultad para respirar, tos productiva sin expectoración. Como concomitante, dolor agudo, lancinante, exquisito en flanco izquierdo, no irradiado, exacerbado por la tos, atenuado con la posición antálgica ortostática. ¿Reducción de hernias? ¡EBPOC!, ¡larga data! de aparición aguda, antálgica, la poesía. Si es productiva debe tener expectoración. Hernioplastia inguinal. La historia dice que sí era productiva. Sólo te digo eso. La medicina es ciencia y humanidad, es ahí donde radica su gracia. Desarrolla el conocimiento y hazlo con poesía; verás como lo disfrutas.
El amor no me importa a estas alturas, quiero redactar esta mierda y ya. No tan fría ni excesivamente técnica, todos los excesos son malos. Sabes, relajada, que diga lo que es y ya, pero que suene bien.
¿Cómo es un crecimiento anómalo de uñas y pelo?
– Onicogrifósis –




KiKi Patiño

sábado, 3 de abril de 2010

EL AHOGADO


Escucho una corneta y se que eres tú, me traes libros y revistas de un mundo que se me hace cada vez más lejano. Leemos poesía hasta la nausea y escuchamos música electrónica. Tomamos ron en vasitos de peltre y conversamos como dementes por horas hasta el amanecer, en aquel rancho de palos a la orilla del mar que se ha transformado más que en mi casa en mi guarida. Siempre me intrigaron tu fidelidad de amiga y tus postales de cumpleaños. Eres por mucho mi cable a tierra, la única persona con la que puedo compartir mis historias y mis sueños. Amanece una vez más y te cuento aquel que por la mueca que hiciste se que no te gustó.
Mis pasos titubeantes se dejan caer sobre sus huellas, uno sigue al otro desdeñando el arte milenario de caminar por la jungla sin hacer ruido. Los mosquitos son un recordatorio de estar vivo como lo son los roces inevitables de espinas y hojas de guaritotos con mi piel ardida. La algarabía profusa de las aves sigue rastros invisibles en el aire y despierta al sol, que apenas se filtra por el grueso manto vegetal que cubre mi azaroso andar. Exhausto, al fin diviso un claro en el monte, un espacio donde la luz se desploma como desde una cascada. Accedo al claro haciendo uso de mis últimas fuerzas y después de apartar unos juncos, doy a parar de rodillas sobre un banco de arena rosada en la orilla del remanso de aquel río que bien conoces. El cielo cae sobre mi nuca tan de golpe que sólo me permite ver hacia abajo y distinguir los reflejos tintineantes que hace el sol sobre las vacilaciones del río. Del otro lado, corriente arriba, en el medio de ese juego de luz y agua, contrasta una sombra que al acercarse deja de serlo; ahora es un cuerpo que flota inerte en la superficie del río y se aproxima a mí cada vez con más prisa. Me intriga el aspecto de su cara, una curiosidad morbosa por saber a quien pertenece me sacude. Sus manos parecen asirse a unos rastrojos, compañeros de su desdicha; desnudado por el río está tan cerca que pudiera sujetarlo por el cabello y arrastrarlo a la orilla pero no lo hago. Al pasar frente a mí, se da vuelta y deja que el sol lama su barriga mordida por peces de río. Su rostro, el de un anciano arrugado, me acongoja. El viejo hinchado por su destino sigue a lo largo del curso del río hasta perderse por donde sabemos, me perderé yo algún día.
Un coco cae al suelo haciendo un gesto de bofetada mientras el viento arrastra consigo esas ausencias que solemos llamar recuerdos y pienso en ti, sola, acostada en la orilla de una playa. Me rindo en la arena, cierro los ojos y me duermo, nos dormimos. No pasa mucho tiempo hasta que despierto. Permanezco un buen rato como extraviado de mi mismo. Decido levantarme y al hacerlo siento calambres que me muerden por todo el cuerpo. Me percibo torpe e infiero que es porque estoy recién levantado, me arrastro al río y mientras reconozco con indecible horror el rostro del ahogado en su calmo reflejo, tú, aquel amanecer, continúas durmiendo sola arrullada por las olas y sueñas con un anciano perdido, llorando frente a un espejo de agua.


CARLOS G. B.

miércoles, 24 de febrero de 2010

BREVARIO POÉTICO (plagio de 5 instantes)


I
El sol ya se fue por detrás
Las voces asordinadas de dos amantes en celo me rodean
Escucho sonrisas, toman fotos, se miran a través
Ella le pregunta si se piensa eterno
Él le responde que en sus sueños ya está muerto
Se frenan, se tocan, siguen su camino
Se pierden con la noche
Dejándome solo
Con su almizcle ponzoñoso

II
Núbil, despreocupada
Sus pezones miran al techo
Tamborilea en la madera
Tararea una canción
No comprende aún
La implosión por venir
De una realidad inconsistente
De su vida encerrada en la botella
De aquel desacierto inacabado
Del último verso de esa canción

III
Arriba de mí un embudo negro de aves
Pronto siento sus picotazos
Salvajes me descarnan en un último dolor
Que pronto se transformará en placer
De estar vivo y muriendo
Todo cambiará
Cuando muerto yazca ya

IV
Roncan mis efluvios
Alivio mis querencias
Escapo del ensordecedor fulgor que es esta bacanal
Me vengo para acá
Y escribo esta vaina
La luna allí arriba y yo aquí abajo
Queriendo amarla, ella tampoco puede
Quedamos a pares
Flota la confusión
Me olvidé quien era yo
¿Quién? —Yo—
Creo que nada ha cambiado


V
Un fotógrafo en su obra
Hace lo que el pintor en el lienzo
Graba una historia que es suya
Gestada de antemano
Parida en la eternidad del relámpago
O surgida de súbito
En el parpadeo de un ángel
Pero es su historia

Carlos G. B.

lunes, 22 de febrero de 2010

EL PERDIDO


Si, padezco de una especie de despiste endémico
Que por estos días explota en suspicaz epidemia
Hace algunas noches perdí a mi diablo
Y aún no lo he encontrado
Porque también perdí el impulso
Y cuando esto sucede
Adormezco en un sueño viscoso
Que a decir verdad, no me ha permitido buscarlo.

No es raro que mi cerebro se pierda
Más sin embargo siempre regresa
Sobre todo cuando los pájaros en su canto me despiertan
Nunca vuelve solo, trae consigo nuevas historias que contar
Pero yo sé que nunca me lo cuenta todo

Vivo perdiendo el camino
Aunque de esto no me quejo
Visto que puedo conocer parajes diversos
Porque por donde me meta siempre hay un camino que seguir
Soy consciente que tal situación me transfiere cierta inconstancia

Perdí el sueño, el hambre, perdí el último tren a ninguna parte
Tales perdidas las relaciono con que no se donde dejé al amor
Tan patético suceso me deja desencajado, desestructurado, desarticulado, olvidado
Cuando encuentro la tristeza pierdo la alegría
Pero cuando pierdo la tristeza no encuentro la alegría
Siendo peor esta última condición

A veces pierdo mi templo
Y me hundo en la desesperanza de la inicua quietud de las horas
Estancado en el tiempo

Ahora me perdí a mi mismo
Y aunque sé que me tengo cerca, no me encuentro
Estoy seguro que algún día perderé la vida
Y lo único que pido es que cuando asuma tal perdida
Al menos, me haya encontrado

He perdido la discreta turbulencia que hace el viento en mis orejas
Y el resplandor fantasmal que dibuja la luna en unos ojos llorosos
Extraviado en canciones y destellos de artificio
Y es que me encanta perder el tiempo
Más lo único que no he perdido, es la soledad


Carlos G. B.

martes, 9 de febrero de 2010

GOYA Y REVERÓN


En la revista Imagen de mayo de 1989 leí las siguientes palabras que Mariano Picón-Salas atribuyó a Reverón, inherentes, más que a la admiración que sentía, al vínculo espiritual que lo unía con el gran maestro español del siglo XIX. Helas aquí:
“La diferencia más palpable entre mi nuevo maestro Goya y mi más viejo profesor, Moreno Carbonero, es que la pintura de este último concluye en el cuadro. Está terminada precisamente en el sitio donde comienza la moldura del marco. En cambio, de Goya me queda flotando algo en la retina. El perrito de aquella señora del retrato se me deshace en vibraciones. La cinta con que se ajusta la mantilla la marquesa de Solana me la llevo en los ojos. Es materia más bella que la materia misma. Me voy con ese ritmo tumultuoso, con esa música —no puedo decirlo de otro modo— que tiene aquel cuadro de *la carga de mamelucos*, en el Prado".
Por supuesto, eso pudo haberlo dicho Reverón, pero con sus propias palabras, apuntó Calzadilla.
Pintura de M.B.

Carlos G. B.